Harturas

El grupo de empresarios que hace algunos días intentó extorsionar de manera zafia y casposa al conjunto de la sociedad insular, exigiendo el cierre de los Centros Turísticos del Cabildo de Lanzarote, del Teatro Insular, del Centro Insular de Cultura “El Almacén”, de la Fundación César Manrique y de no se cuántos establecimientos más, muestra su dolor en un comunicado público y se manifiesta “hartos” del Cabildo y, me temo que, por extensión, del PSOE.

Se trata, básicamente, de constructores y promotores inmobiliarios ligados a determinadas irregularidades urbanísticas en el Plan Parcial Playa Blanca y afectados por las recientes sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que declara ilegales las licencias otorgadas por el Ayuntamiento de Yaiza para la construcción de ciertos hoteles.Licencias concedidas por el ex -alcalde José Francisco Reyes, de Coalición Canaria cuando otorgó los permisos y del PNL cuando ha sido condenado recientemente.

Son un grupo reducido y rencoroso de individuos que nada, absolutamente nada, tienen que ver con la inmensa mayoría de los empresarios de Lanzarote, que cumplen la ley escrupulosamente, pagan sus impuestos y crean empleos y riqueza cuando la situación económica lo permite. Son empresarios de la construcción especializados en la compra-venta de terrenos y expertos conocedores de la inoperatividad urbanística de muchos ayuntamientos, con nulos conocimientos sobre estrategias de competitividad en el sector turístico y con la firme convicción de que el territorio es un negocio en si mismo, no una oportunidad para vivir mejor, y que las leyes y la normativa vigente constituyen un obstáculo para hacer dinero fácil. El PIO, la moratoria, la sostenibilidad, el freno al crecimiento desordenado, el respeto al medio ambiente…, “monsergas de los socialistas”, suelen afirmar.

Son constructores, entienden de bloques, de cemento y de hormigón, pero son nulos en técnicas de comunicación. Así que montan una televisión local, ponen al frente a Jorge Coll y centran sus esfuerzos en desprestigiar, difamar y calumniar todos los días a la presidenta del Cabildo, al secretario general del PSOE y a todos los que osan opinar diferente. Algo parecido a la N´dranguetta calabresa, pero sin sangre. Están hartos de que el PSOE, y el Cabildo, y amplísimos sectores de la sociedad insular les griten ¡basta! en su mismo rostro, así que promueven cambios de gobierno en las instituciones democráticas para colocar a los elementos más dóciles de Coalición Canaria y del Partido Popular. Son los del “¡y qué hay de lo mío!”. Por el momento, los intentos de golpes de estado continúan siendo infructuosos.

Transmiten a través de Lancelot TV que los trabajos del Cabildo en favor de la legalidad y el compromiso de gente tan competente y admirable como el grupo de expertos del Gabinete Científico de la Reserva de la Biosfera o de los técnicos urbanísticos y juristas que dan carta de rigor y seriedad a la estrategia institucional, o la posición irreductible de la Fundación César Manrique, son historias que se inventa el PSOE para frenar el progreso y el bienestar de Lanzarote. Han hecho inmensas, inimaginables cantidades de dinero al socaire de la especulación urbanística de los 80 y los 90, y en su mentalidad garrula entienden que, con dinero, todo es comprable: terrenos, caballos, yates, alcaldes, bodegas, medios de comunicación y abogados. Se jactan, en privado, de utilizar como meros medianeros a los hombres y mujeres de Paulino Rivero y Soria en Lanzarote. Dicen: “¡el PSOE quiere tirar los hoteles, y dejar a miles de familias sin trabajo!”. Lo dicen, y lo repiten todos los días, y entre tanto ruido, rebuscan afanosamente entre los resquicios de la ley para continuar incumpliéndola, para proseguir con la estafa, con la burla y la mofa y el escarnio contra una comunidad que hace mucho, mucho tiempo, ya dijo ¡basta! Han fracasado. Todos los que lo intentaron, todos los que pretendieron violentar la legalidad, han fracasado.

Ahora son los tribunales de justicia quienes han dicho, alto y claro, que hasta aquí hemos llegado. Veintidós sentencias firmes que declaran ilegales otros tantos establecimientos hoteleros. Veintidós. Veintidós cabezazos en la frente de los ilegales, de los corruptos y de sus medianeros. Veintidós batallas ganadas en el contexto de la guerra contra la corrupción urbanística que los lanzaroteños, los ciudadanos y sus instituciones, sin duda vamos a ganar. Veintidós ejemplos de que la ley y la justicia siempre triunfan. Veintidós orgullos, veintidós victorias. Y veintidós derrotas inapelables para nuestra cutre N´dranguetta local.