Sí, se puede

Sí, se puede. A pesar de la creciente sensación de podredumbre política que nos dejan las operaciones policiales "Unión" y "Jable", aún es posible recuperar la confianza de los ciudadanos de Lanzarote en los partidos políticos, en las instituciones públicas y en las organizaciones sociales. Es posible. Sin embargo, es imprescindible caminar unos pasos en la dirección correcta, hacer gestos inequívocos y gritar en voz muy alta que todos estamos contra la corrupción. Absolutamente todos. Empezando por aquellos a quienes los ciudadanos nos han colocado en las instituciones, en el Cabildo, en los ayuntamientos, en los colectivos empresariales, en los colegios profesionales...

Expulsar al PIL y al PNL de los grupos de gobierno del Cabildo de Lanzarote y del Ayuntamiento de Arrecife es la primera medida, urgente, eficaz e impostergable, encaminada a restaurar la decencia en la cosa pública. Declaraciones como las de Cándido Reguera, donde asegura que "no tengo motivos para desconfiar del PIL", o el paraguas político que Pedro Sanginés ofrece a Mª. José Docal, detenida por la Guardia Civil e interrogada e imputada por el juez, son actuaciones que no ayudan. Crean más confusión y más desesperanza. El PSOE ya ofreció apoyo sin condiciones para finalizar con dignidad los mandatos institucionales a PP y a CC, siempre y cuando accedan ambos a alejar al PIL y al PNL del control de los presupuestos públicos. Es decir, no se producirían situaciones de ingobernabilidad en las corporaciones hasta las elecciones locales de mayo de 2011. A cambio, ni Dimas ni el PNL pueden permanecer un minuto más al frente del destino colectivo de los ciudadanos de Lanzarote. Esas formaciones políticas han sido inoculadas por el virus de la corrupción, delinquen, practican el cohecho, la asociación ilícita o el tráfico de influencias. Están corrompidas, y lo peor, no lo admiten, se enorgullecen de ello, reivindican la praxis corrupta y contribuyen a diario a extender la nauseabunda sensación de que "todos somos iguales".

Otra medida imprescindible para recuperar la confianza ciudadana en el sistema democrático pasa por construir diques firmes y decentes contra la parcialidad, el infundio, la calumnia y la mentira que practican diariamente determinados medios de comunicación. "Quiero contratos de obras y concesiones de servicios de los ayuntamientos y del Cabildo", exclama un promotor, "así que pongo una televisión local". ¿Por qué? "Porque de esta manera chantajeo al político, extorsiono al concejal y soborno a la consejera", asegura el inmobiliario. "Y me garantizo el negocio, siempre y cuando no se mosquee algún juez y algún fiscal". No puede ser que en Lanzarote una televisión local juegue un papel fundamental a la hora de derribar gobiernos y colocar afines en las instituciones. Eso no es democracia. Eso es pervertir un sistema de derechos y libertades y trocarlo por la compraventa de hoteles ilegales, de puertos deportivos horteras (muy atinado Ginés Díaz), de campos de golf inservibles, de pelotazos urbanísticos que ahora se han dado en denominar "iconos". Toda esta perversión pestilente se pretende blanquear con lamentables tertulias televisivas de café o con entrevistas inventadas en papel de presuntos filántropos que, según cuentan, se tomaron un café con el juez para aclararle las ideas, mientras que las imágenes de los corruptos desfilando ante la justicia, los Coll dixit, pertenecen a una dimensión onírica no tangible que no ha ocurrido. Algo así como el "cohechito nimio" de Docal.

La tercera medida destinada a restaurar la credibilidad en la ciudadanía reside precisamente en ella: en el compromiso cívico. Sólo la sociedad civil puede ejercer su papel de contrapeso a los desmanes políticos, económicos o mediáticos. ¿Y quiénes son los ciudadanos? Lo somos todos, la gente normal, los trabajadores, los empresarios, los profesionales, los funcionarios, los docentes, los afiliados a los partidos políticos, los periodistas, los sindicatos, los artistas, los currantes, los parados, las entidades sociales con influencia pública, Ginés Díaz Pallarés, los miles y miles que hablamos en Facebook (es que somos inmensamente más numerosos los honestos que los corruptos y sus voceros). Es decir, la aplastante mayoría decente de esta isla que pide a gritos a Reguera y a Sanginés que interrumpan su cutre travesía por la cloaca, olviden su paranoia anti-socialista y fulminen al PIL y al PNL en su acceso al poder. No dudo de la capacidad ética de la gente del PP y de CC, sí de la deriva moral de sus dirigentes, y admito que estoy en las antípodas ideológicas de individuos como Soria o Camps. Pero estoy convencido de que prima la decencia y la dignidad  en personas que también persiguen el cumplimiento íntegro de las normas del estado de derecho.

Sólo son pequeños pasos en busca de la regeneración democrática. Pero son pasos imprescindibles para evitar el descrédito, la desesperanza y la decepción. En un lugar azotado por la crisis económica y el desempleo, con grandes posibilidades de futuro pero hoy instalado en la parálisis institucional, únicamente cabe tomar decisiones y apostar por la decencia. El PSOE propone el primer paso: estabilidad y gobernabilidad a cambio de la expulsión de los corruptos. Otros tienen ahora la palabra, pero si se quiere, se puede.