Sector primario, sector primero

De vez en cuando, nos remueve alguna noticia que desvela la enorme diferencia que suele haber entre lo que pagamos al adquirir algún producto agrícola en un establecimiento comercial y lo poco que cobra el agricultor por él. La mayoría de las veces, la diferencia es escandalosa porque la parte del león se queda en el circuito de la distribución alimentaria, cuando lo justo es que el productor obtenga un remuneración adecuada por su importante y arduo trabajo, que consiste en producir alimentos para el resto de la población.

En estos momentos, los planes de reactivación económica por la pandemia ponen el acento en la transformación digital o en la economía verde, pero lo cierto es que necesitamos comer varias veces al día por lo que la ciudadanía también puede colocar al sector primario en la agenda de las prioridades colectivas. Para ello, basta con comportamos como consumidores responsables y exigentes con la calidad y pagar precios justos a los productores. Así, cada cual contribuiremos con un sector agroalimentario potente, generador de riqueza y empleo.

Hace falta nuestro compromiso para poder comer sano y tener en la mesa los mejores productos, a ser posible ecológicos y de kilómetro cero, y para seguir un dieta mediterránea con lo mejor de la huerta, la ganadería y la pesca. Un compromiso con una política de desarrollo rural que asegure la creación de la actividad económica estable, bien remunerada y sostenible, que facilite el relevo generacional e impulse del papel de la mujer en el mundo rural. Sólo así, y percibiendo precios dignos, aumentará el peso del sector primario en el Producto Interior Bruto y el empleo.

No puedo dejar de reconocer el gran trabajo realizado por agricultores, ganaderos, queseros y pescadores, en las islas de Lanzarote y La Graciosa y en el resto del país, en un sector considerado como esencial durante el primer Estado de Alarma decretado por el Gobierno del Estado. Soy consciente de la altísima dependencia del exterior en el suministro de alimentos que padecen las dos islas que represento en el Senado, así como de la imperiosa necesidad de avanzar hacia la soberanía alimentaria y el autoabastecimiento en un escenario de diversificación de la economía.     

Llevo en mi agenda y tengo presente, asimismo, las reclamaciones del sector en mi tierra, como disponer de riego agrícola con agua  de calidad; aumentar las ayudas a la viña y la comercialización local de frutas, hortalizas, raíces y tubérculos alimenticios; o estudiar la viabilidad de transformar y comercializar la cochinilla. También las demandas de los ganaderos y los pescadores, entre la que están combatir la pesca y venta furtiva, reclamar mayor cuota de pesca para Canarias tanto para la tuna como para el atún rojo, o incrementar a 20 los buques atuneros canarios autorizados para pescar en aguas de Madeira.

Ahora bien, la humanidad afronta dos grandes retos: la lucha contra el cambio climático y la lucha contra la pérdida de biodiversidad terrestre y marina. Esta última es trascendental porque ese proceso pone en serio riesgo la seguridad alimentaria. Tenemos que ser conscientes de que la biodiversidad es la base sobre la cual sustentar la preservación de un medio rural vivo y dinámico, proveedor de servicios ambientales indispensables para la vida y que contribuya a mejorar el funcionamiento de la cadena de valor alimentaria.

No obstante, desde el Gobierno y el Parlamento debemos perseverar en la defensa del sector primario y de los pequeños y medianos productores, porque son la garantía de mantenimiento de población en el medio rural y de producción de alimentos de calidad. Pero, por otro lado, con el apoyo adecuado, agricultores, ganaderos y pescadores podrán afrontar los nuevos desafíos relacionados con la preservación de la biodiversidad y el cambio climático en la transición hacia un modelo sostenible e innovador. Son el sector primero.

Fco. Manuel Fajardo Palarea, senador del PSOE por Lanzarote y La Graciosa.