El blog de Ariagona González

Ariagona González

En el Congreso de los Diputados acabamos de tomar en consideración la Ley Zerolo, una norma que pretende erradicar la discriminación y avanzar hacia una igualdad real. La Ley Zerolo, o Ley para la Igualdad de Trato y No Discriminación, pretende consolidar legislativamente la igualdad y establecer nuevas garantías para su disfrute en nuestro país.

Ariagona González

¿Qué pensaría de nuestro país y de sus conciudadanos una persona que se despertara de repente después de haber estado dormida durante los últimos cuarenta años? Al rato de ver los noticiarios en las teles y de leer titulares en la prensa, es muy probable que creyese que España se ha convertido en uno de los países peores y más conflictivos del mundo, pero nada más lejos de la realidad.

Ariagona González

Nuestro país ya cuenta con nueva Ley de Educación, una ley para el siglo XXI que sustituye a la anterior, aprobada en solitario por el PP y que pretendía mantenernos anclados en el pasado. La LOMLOE, que así se llama, es la octava ley educativa de la democracia y nace con la vocación de durar en el tiempo, a pesar del ruidoso recibimiento que está teniendo por parte de los partidos políticos de derechas y ultraderecha, así como de las patronales de la educación concertada y la diferenciada.

 

Las mujeres están desempeñando un papel protagonista en defensa de la salud pública y para salvar vidas en estos tiempos tan difíciles de lucha contra la Covid-19. Lo hacen junto a muchísimos hombres, es verdad, pero en estos terrenos creo que las mujeres siempre hemos demostrado que solemos estar un paso por delante.

Lo leí en alguna parte hace tiempo: la política implica el poder de conducir, la ciencia de organizar y el arte de prever. Y yo además incluiría una cuarta premisa: la capacidad de dialogar, consensuar y acordar. Es esta última exigencia la que marca la distancia entre los sistemas autoritarios y dictatoriales y nuestro modelo democrático.

Después de la travesía por el desierto que supuso la dictadura para el ejercicio del periodismo, la Constitución de 1978 trajo a España la libertad de expresión y el derecho a la información.  Durante unos años, nos sentimos abrigados por la convicción de que cuanto nos llegaba a través de los medios había dejado de ser propaganda manipuladora al servicio de los poderes del Estado y su nuevo objetivo enfocaba a la triada formar, informar y entretener.

Llevamos días enfrascados en la polémica sobre el pin parental, una suerte de botón virtual que apaga la pantalla educativa cada vez que los padres y las madres deciden que el contenido de la materia a impartir en el aula no es de su gusto.

Al margen de lo distópico del término, -¿imaginan a una legión de menores recibiendo las clases en línea desde sus dormitorios, sin necesitar quitarse el pijama, dar un paso o relacionarse con otros?- la respuesta que me parece más adecuada de las cientos que ha generado esta exigencia de los de VOX es la reducción al absurdo.

Aún no se han acallado los ecos de la Cumbre del Clima celebrada en Madrid la pasada semana con la consiguiente desilusión derivada de la falta de acuerdo internacional. Todos esperábamos de esta cita la materialización de acuerdos más ambiciosos contra el cambio climático pero, ya que estamos en este escenario, por mi parte, he decidido concentrarme en actuar local, después de que el pensamiento global no haya arrojado las respuestas que esperábamos.