¡Alucinada!

¡Alucinada! Así es como me quedé cuando ayer me despertó la noticia de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avalaba la prohibición de algunos países de que los homosexuales puedan donar sangre.

En el año 2012 el organismo recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribución a la reconciliación, a la democracia y a la lucha por los derechos humanos. Y hoy me pregunto si este Tribunal, que supuestamente lucha por la integración y reconciliación de las naciones, y por ende de su gente, ha pensado en el daño que puede hacer a un colectivo secularmente discriminado, excluido y aislado de la sociedad.

La sentencia supone una bocanada de oxígeno para los gobiernos de derechas y abre la puerta a posicionamientos ultraconservadores, homófonos y sectarios, que convierten la integración real en poco más que un bonito sueño.

Los conocemos. Los sustentan los mismos partidos políticos que se posicionan en contra de los derechos de las personas, la Sanidad y Educación públicas, universales, gratuitas y de calidad. Y en contra también de la libre decisión de las personas LGTB respecto a cuestiones como el matrimonio, la adopción, la identidad o, ahora, la donación de sangre.

Es cierto que en asuntos de salud pública hay que actuar con cautela, lo entiendo. Pero tiene que existir otro tipo de filtros y de estrategias que no incidan en una mayor estigmatización de un colectivo que ya ha sufrido demasiado.

 

No puedo concebir una Unión Europea que represente la fraternidad entre las naciones, si al mismo tiempo no defiende la igualdad de derechos para todos los ciudadanos y ciudadanas. Unos derechos que nos hacen iguales, sin distinción de raza, religión, la procedencia u orientación sexual. 

 

Jimena Álvarez

Secretaria General Juventudes Socalistas de Lanzarote