Lo escuchado recientemente en la radio y en el último Pleno por parte de nuestro alcalde me obliga a hacer una reflexión en voz alta. Escuchar a la máxima autoridad de Tinajo presumir de que "todo el mundo lo llama para tirar de sus contactos" no es solo una falta de respeto a la administración pública, es un ataque directo a la dignidad de cada vecino y vecina.
Como ciudadana, me niego a aceptar que el bienestar de mi familia o el acceso a mis derechos dependa de la "agenda" de una sola persona.
Cuando un político presume de solucionar problemas levantando el teléfono y tirando de influencias en cualquier ámbito, ya sea sanidad, empleo, ayudas o trámites administrativos, lo que nos está diciendo en realidad es que las normas no son iguales para todos.
Me pregunto: ¿qué pasa con el vecino que no tiene el teléfono del alcalde?; ¿qué pasa con quien confía en las instituciones y espera su turno con honradez?; ¿a cuántas personas adelantan en la fila aquellos que "tiran de contactos"?
Esa forma de actuar tiene nombres muy feos en democracia, pero sobre todo es profundamente injusta. Un ayuntamiento no es un cortijo, ni la gestión pública es una red de favores personales que luego se pasan al cobro. La política debe servir para que el sistema funcione para todos, no para que el político de turno parezca un "salvador" a cambio de nuestra sumisión.
No podemos normalizar que se nos trate como súbditos que deben pedir favores, cuando somos ciudadanos con derechos. Mis derechos no pueden ser los favores de nadie. La democracia se basa en reglas claras, en la igualdad y en la transparencia; lo contrario es volver a tiempos oscuros de caciquismo que nuestro pueblo ya debería haber dejado atrás.
Me rebelo contra esa idea de que para avanzar en la vida haya que "conocer a alguien". Yo creo en un Tinajo donde el esfuerzo y la ley valgan más que una llamada del alcalde.
Begoña Hernández Nóbrega